Amor y poder: la balada de Oso Blanco revisada

Escrito por Clayton P.

Traducido por Hexentanzplatz

 

“Es un largo camino a Nottingshamshire o a Chiapas, México, pero ¡no puedes decirme que Robin Hood no es real desde que los federales se encontraron con Oso Blanco!”

– The Martyr Index, Oso Blanco

“Espero inspirar a la gente a tener coraje más allá de su entendimiento cotidiano. Pues realmente hay un amor y un poder infinitos dentro de nosotros mismos.

– Letra de Oso Blanco, 6 de mayo de 2019

 

Fuentes oficiales dicen que Oso Blanco, a quien el Estado se refiere por su nombre de nacimiento, Byron Shane Chubbuck, es responsable de cerca de 20 asaltos a bancos entre 1998-1999, todos realizados con el propósito de ayudar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, en Chiapas. Oso Blanco asegura que el número de asaltos ronda los 50.

Existe una simetría satisfactoria a la que no llamaré justicia poética, en usar el dinero de los bancos para financiar luchas revolucionarias. Los bancos son los negocios que están enterrando la esperanza de la gente, y que están destruyendo sus sueños. Pero las metas de los libertarios como los zapatistas, y como el mismo Oso Blanco, son mantener la esperanza viva, nutrir el sueño revolucionarios de un mundo libre de la opresión y de la explotación. Hay una diferencia crucial entre robar dinero con fines individualistas (ya sea para llenar los bolsillos propios o para molestar a los activistas) y expropiar fondos necesarios para ayudar en la transformación social revolucionaria. Los banqueros hicieron lo primero, Oso Blanco, lo segundo. Los banqueros se salieron con la suya, Oso Blanco terminó en prisión.

Para los federales y para los ejecutores de la ley locales, Oso Blanco nunca fue nada más que otro ladrón lleno de ambición y con hambre de poder, celoso de las posesiones de otros y con motivos individualistas. Fueron quienes le otorgaron a regañadientes y no sin una pequeña ironía burlona, el apodo de “Robin Hood”, mientras que los reportes oficiales sobre las acciones de Oso Blanco están designados a hacer la pregunta pública sobre si los fondos que expropió realmente llegaron a Chiapas.

Con el apoyo a sus mentiras por parte de los medios oficialistas, los federales y sus secuaces pintaron a Oso Blanco como un estafador banal, carismático y peligrosamente manipulador. Al escucharlos, parece que hablan de una ridícula combinación entre Jim Jones, Tony Montana alias “Scar Face” y un saborizante a “Che Guevara”. Incluso aquellos medios que simpatizan con él lo pintan como algo poco más que una víctima de su propia incapacidad de llevar una vida honesta, alguien con escasa visión, y oscurecen sus motivos políticos tras una retórica neblinosa de responsabilidad personal. Mientras que tales recuentos dan un breve vistazo a la humanidad de Oso Blanco citando cosas como su corta carrera discográfica o su amor y talento para el arte y la poesía (publicó un libro de versos en 2011), son predeciblemente pesados en el patetismo y ligeros en la política.

Por encima de todo ello, Oso Blanco, se define a sí mismo como un guerrero y como un hombre espiritual que pone toda su fe en el Creador, pues para él la espiritualidad indígena es suprema. Él es un orgulloso y soberano ciudadano de la Nación Cherokee, un descendiente directo de la mujer guerrera Cherokee de alto rango, Nanyehi Ward. Entre sus familiares encontramos al líder Dragging Canoe, recordado por liderar exitosamente una oposición armada contra la expansión de los invasores colonialistas que los historiadores europeos llamarían La Batalla de Lookout Mountain. Un ardiente sentido de justicia y un legado de resistencia y militancia anti colonialistas corren por las venas de Oso Blanco.

Quizás esa sea una razón parcial para que después de su arresto inicial él se liberara a sí mismo de la custodia Estatal y, tras una pequeña comida en un motel, volviera directamente a expropiar fondos para sus camaradas en Chiapas en la lucha contra un gobierno tiránico. También llamó a una estación de radio local para retar la narrativa predominante acerca de sus acciones, y para reportar las condiciones abusivas y de carencia que él experimentó y vio en Chiapas. Incluso después de que fuera arrestado y sentenciado a 40 años adicionales de dura condena, poniendo sobre sí una sentencia total de 80 años, él permaneció resuelto y juró “No romperán ni mi determinación ni mi poder de voluntad”, prometiendo que continuaría apoyando a los rebeldes del EZLN, al “dar una cachetada al gobierno federal por todo lo largo de su hipócrita cara”.

Este desdeño por la hipocresía y la deshonestidad de aquellos que se contentan con despacharlo como otro “criminal común” (sea lo que sea), es una fuente de la sinceridad que Oso Blanco lleva a cabo en cada una de sus interacciones personales. Una gran parte de lo que atrae a la gente hacia él es su combinación de honestidad con su convicción fuerte y profunda. El pasado del que los medios masivos de comunicación y el Estado alardean, en un predecible intento de vilipendiar a otro revolucionario, es uno que Oso Blanco jamás ha negado haber vivido, pero lo que esos recuentos también ignoran es la urgencia persistente de Oso Blanco por hacer el bien, por ejemplo, en su apoyo al proyecto Share, un refugio para población de la calle, después de que recibió su primer caso de sentencia federal a la edad de 31 años.

El tiempo que pasó ahí fue una condición de su libertad condicional, pero otros involucrados con el proyecto dicen que fue más allá de lo requerido en su trabajo. Cathy Blanco (no están relacionados por ningún vínculo familiar), la entonces directora del proyecto, es una persona a la que hasta el día de hoy Oso Blanco le da el crédito de siempre haberlo impulsado a hacer lo que él considera correcto, y nunca dejar de ayudar a otros. Él habla abiertamente de su primer caso y de su tiempo en prisión, así como de su actividad en una pandilla antes y después. También habla abiertamente de su consumo de drogas y su involucramiento en la manufactura y tráfico de drogas. Describe ese periodo en su vida como “el abandono del buen camino en la ayuda a los demás para caminar en su lugar por el camino hacia la muerte”. Fue de ese camino hacia la muerte de donde lo rescataron los Zapatistas poco después de que se hiciera consciente de sus actividades, cuenta Oso Negro.

Eso fue en Alburquerque, en 1997. Estaba viendo una protesta contra las violaciones de los derechos humanos en Chiapas. Una mujer a la que le llama “Gloria” notó su tatuaje de pluma de águila, y la conversación pronto giró en torno a la lucha indígena en los Estados Unidos en apoyo al trabajo rural de los Zapatistas en México. Ella le dio su tarjeta y tomaron caminos separados. Un año después Oso Blanco estaba en la ciudad de Guatemala buscando conseguir dos tambores de efedrina para producir metanfetamina. Gloria estaba ahí, buscando comprar suministros para los Zapatistas. Oso Blanco le dio el dinero que ella necesitaba, rentó un camión para transportar los suministros, y la ayudó a entregarlos. Se fue con sólo un tambor de efedrina y habiendo visto el trabajo que los Zapatistas hacían por la gente. “Cuando entendí completamente que aquellos guerreros Zapatistas no estaban jugando, ¡ME METÍ DE LLENO!”, y no hay forma de negar que eso es exactamente lo que hizo Oso Blanco.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando volvió a Nuevo México. Oso Blanco, entonces jefe de una pandilla local, comenzó a instruir a sus miembros para que dieran algo de vuelta en su vecindario, y los alentó a apoyar, proteger y defender a la gente que vivía ahí. “Siempre con honor” se convirtió en el principio rector para la mayoría de los miembros de su grupo. También fue en aquella temporada cuando Oso Blanco comenzó a golpear a los bancos, expropiando dinero y usó la mayor parte de ese dinero para comprar los suministros necesarios para enviar a Chiapas, apartando algunos para apoyar a su creciente familia e invertir en proyectos locales de apoyo a los vecindarios. También enviaba rutinariamente platos, servilletas y alimentos a Project Share cuando el refugio estaba luchando por mantener alimentadas a las personas sin hogar. Y según los cajeros y Oso Blanco, cada golpe bancario se realizó de la misma manera. Nunca usó un arma, y siempre fue educado al pedir el efectivo, y también le dijo a los empleados del banco que apoyarán a los niños pobres y hambrientos, refiriéndose, por supuesto, a los numerosos proyectos locales de los Zapatistas.

Entre los productos enviados a Chiapas se encontraban baterías, teléfonos celulares, libros, excedentes militares y equipo ecuestre, teñidor de telas, vitaminas y antibióticos. Algunos amigos suyos que eran dueños de una compañía de camiones acordaron ayudar a transportar las mercancías. Es imposible estimar el valor total en efectivo de los suministros o la cantidad de los suministros enviados. Pero lo único que es seguro es que Oso Blanco lo haría todo de nuevo sin dudarlo.

Los compromisos personales y políticos de Oso Blanco no han flaqueado, a pesar de que el Estado ha hecho todo lo posible para romper su espíritu y silenciar su voz. Como si tratar de enterrarlo bajo una sentencia de 80 años no fuera suficiente, en los primeros 17 meses que estuvo encarcelado, el personal de la cárcel lo gaseó, golpeó y, maltrató de forma rutinaria. Fue este abuso de rutina que Oso Blanco lo que lo llevó a escapar. Mientras estaba encarcelado en la prisión federal de Leavenworth (la misma en que murió Ricardo Flores Magón) a Oso Blanco se le negó su derecho a asistir a las ceremonias de sudor con otros presos de las Primeras Naciones, hasta que la presión persistente sobre los jefes de la prisión, provenientes de dentro y fuera de las murallas, descarrilaron el intento del Estado por ejecutar ese etnocidio dirigido en contra de Oso Blanco.

Realmente, Oso Blanco no es diferente a nosotros: es una persona que reconoce las creencias y comportamientos dañinos y problemáticos que el sistema alentó en él, y siempre ha luchado por trascender esas limitaciones. Su historia nos recuerda que no podemos transformar a la sociedad sin transformarnos a nosotros mismos. Ver a Oso Blanco como una singularidad es ignorar que todos tenemos una tremenda capacidad de lograr una transformación personal y social radical, y eso es exactamente lo que la clase gobernante quiere que ignoremos. Nos quieren sintiendo miedo, aislamiento, inseguridad y inconsciencia. Oso Blanco fue encarcelado porque cuando luchaba por los Zapatistas luchaba por todos nosotros, y podríamos fácilmente encontrarnos en su lugar. Podría venir un momento en el que el Estado decida hacer de nosotros un ejemplo. Así que, guarden las baladas y las canciones, los laureles y los elogios. Como sus palabras y acciones sugieren, demostremos nuestro apoyo a Oso Blanco trabajando colectivamente para hacer de nuestras vidas cotidianas aquello de lo que están hechas las memorias revolucionarias. Construyamos una lucha de resistencia, como sea que nos sea posible, donde sea, y no olvidemos a nuestros compañeros detrás de los muros. Después de todo, entre unos y otros somos lo único que realmente tenemos.

Original en https://itsgoingdown.org/love-and-power-the-ballad-of-oso-blanco-revisited/